Asalto en Teherán dispara la tensión entre Irán y Occidente

30/Nov/2011

El Observador

Asalto en Teherán dispara la tensión entre Irán y Occidente

30-11-2011 Tensión. El Reino Unido responsabilizó al gobierno iraní del ataque a dos dependencias diplomáticas
En un contexto de alta tensión entre Irán y Occidente, estudiantes ortodoxos iraníes asaltaron ayer edificios diplomáticos británicos en Teherán, arriaron la bandera, quemaron un vehículo y arrojaron documentos por las ventanas en escenas que recordaron el ataque a la Embajada estadounidense en 1979. El gobierno de Irán se exoneró de responsabilidades pero hay señales que apuntan a que permitió -y, de alguna manera, ayudó- el desenvolvimiento de los desmanes. La administración británica no tuvo dudas y responsabilizó directamente al gobierno de Mahmoud Ahmadinejad.
El malestar del régimen de los ayatolás está a flor de piel tras las nuevas sanciones impuestas por los países occidentales, entre ellos el Reino Unido, a Irán por el programa nuclear, que Teherán jura que es pacífico. Las 300 personas que se congregaron ante la sede de la Embajada británica, en el centro de la capital iraní, clamaban contra las políticas de Londres, y exigían el cierre de la representación diplomática y la expulsión del embajador. Todo esto sucedió dos días después de que el Parlamento iraní aprobara un proyecto de ley que reduce las relaciones diplomáticas con el Reino Unido tras la nueva versión de sanciones.
La multitud superó con facilidad a la Policía antimotines y se introdujo en el complejo de la Embajada, a la que arrojó bombas incendiarias y piedras. Algunos rompieron vidrios, deshicieron retratos de la reina Isabel II, tiraron y destruyeron documentos, y arrojaron objetos y muebles por las ventanas. Una camioneta deportiva estacionada frente al edificio fue prendida fuego. Arrancaron la bandera británica, la quemaron y en su lugar izaron una iraní. El personal de la Embajada logró escapar por una puerta trasera.
Cuando todo parecía tranquilizarse en la sede británica, unas dos horas después, un grupo del mismo tamaño atacó otra dependencia del Reino Unido, en el norte de Teherán. En la antigua residencia del embajador -que ya no la usa, pero que mantiene el estatus diplomático-, los manifestantes robaron «documentos secretos», tomaron como rehenes a seis funcionarios -liberados poco después- y también reemplazaron las banderas de la Union Jack por otras de Irán.
Pasados estos dos incidentes, y entrada ya la noche, un nuevo grupo de estudiantes islámicos regresó a la sede de la Embajada británica donde destrozaron más documentos, momento en que fueron detenidas varias decenas de estudiantes. Esto radicalizó la postura de los manifestantes, que exigieron la liberación de sus compañeros y aseguraron que no abandonarían la protesta.
Los agitadores hicieron público el deseo de una ocupación permanente de la Embajada británica, como sucedió con la de Estados Unidos el 4 de noviembre de 1979, que duró 444 días y supuso la ruptura de relaciones diplomáticas entre Washington y Teherán.
Integrantes del gobierno iraní aseguraron que nada tuvieron que ver con los hechos. Para la corresponsal de El País de Madrid en Teherán, Ángeles Espinosa, la arremetida estudiantil no pudo haber sido llevada a cabo sin la aprobación gubernamental. «La concentración frente a la Embajada tenía todos los ingredientes de un evento organizado desde arriba. Para empezar, en Irán no es posible organizar una manifestación sin el visto bueno oficial, como se hizo evidente durante las protestas de 2009. Tampoco parecía muy espontáneo que las cámaras de la televisión y los fotógrafos dispusieran de una plataforma justo enfrente de la entrada al recinto diplomático, tal como se apreciaba en algunas imágenes. En el segundo ataque incluso ha podido verse cómo los policías se subían al muro y ayudaban a los asaltantes a saltar fuera».
Consecuencias «serias»
El Reino Unido consideró al gobierno iraní responsable del «fallo muy grave» de seguridad que permitió el asalto a sus casas diplomáticas, y le advirtió de que tendrá consecuencias «serias». Esto es el corolario de una larga historia de desencuentros y hostilidad entre Irán y Londres.
Las relaciones bilaterales se deterioraron en los últimos años por la insistencia iraní a continuar con su programa nuclear, del que Occidente sospecha que esconde objetivos militares. A tal punto ha llegado la sospecha, fundamentada en un reciente informe de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) sobre el programa iraní, que el gobierno británico decidió la semana pasada suspender las relaciones financieras entre los dos países, incluso todo contacto con el Banco Central iraní.
Esta nueva tensión se añade a los vaivenes que han marcado los vínculos bilaterales en los últimos 60 años que se remontan a 1951, cuando Irán decidió nacionalizar, para malestar de Londres, la Compañía Petrolera Anglo-Iraní.
Desde entonces ambos países han tenido unas relaciones tormentosas, con episodios como el cierre de la Embajada británica en Teherán en 1979 a raíz de la revolución islámica, el asalto a la Embajada iraní en Londres en 1980, el caso del escritor anglo-indio Salman Rushdie o la detención de varios miembros de la Marina británica en Irán en 2007 acusados de entrar en aguas territoriales iraníes. (El Observador y agencias)